A partir de 1910 se construyeron en las principales ciudades del país una importante cantidad de salas cinematográficas. Sabemos que entre 1911 y 1930 se abrieron 153 de ellas en el centro de Buenos Aires. El fenómeno se extendió como reguero de pólvora.
El consumo cinematográfico se había instalado en la vida cotidiana de las familias. Tanto mujeres como hombres, en pareja o solos comenzaron a asistir a los cines con mayor frecuencia. Los motivos eran múltiples y no excluyentes; podía ser una cita romántica o la necesidad de vivir un momento de fantasía, de aventura o de risa.

Cine El progreso

Cine El progreso

En Berisso se inauguró, en 1921, el cine El Progreso. Esta fue una sala que desde sus comienzos cumplió varias funciones, fue cinematógrafo, escenario teatral o lugar para eventos variados, como quermeses o presentaciones musicales. Bajo su techo vibró un rumor de voces, sonidos diversos, música, dialectos, lenguas aún en aprendizaje, reuniones de amigos y encuentros casuales. Cada fin de semana el edificio podía albergar distintas actividades, pero lo que no podía faltar era el encuentro con la pantalla de plata que reflejaba los grandes “berretines” de la época.
Allí, en la penumbra, las divas de Hollywood provocaban las delicias de las jóvenes, los ojos lánguidos y los primeros planos de la pasión, invitaban a soñar. El cine de entonces no tenía palabras pero, a falta de ellas, le sobraban imágenes para dar rienda suelta a la imaginación

Cine

Cine San Martín, Álbum de la ciudad de La Plata Casa Kohlmann, 1881-1932, Foto Archivo del Museo 1871

Las butacas sumergían a los espectadores en sus fantasías amorosas, en los deseos de alcanzar una vida de película, las divas representaban todo lo que las jóvenes querían para sus vidas: amor, dinero, una vida de comodidad. Los besos furtivos se mezclaban con el maní con chocolate y las lágrimas, que alentaban los melodramas, ponían sal al dulce de los caramelos

El cine no era un entretenimiento caro, un trabajador o trabajadora podía pagar su entrada y también vestirse con sus mejores galas para, después de la matiné, lucirlas en la romería o en la kermese que con frecuencia se realizaban en el mismo edificio.
Cuando se inauguró el cine El Progreso, ya el gusto popular había sido ganado por las películas norteamericanas: melodramas, comedias y westerns. Cerca del 75 % de los estrenos procedían de ese país y apenas el 2 % eran producciones nacionales.

Las cosas empezaron a cambiar levemente en 1933 cuando, en Argentina, se estrenaron las primeras películas sonoras. Es el caso de films como Tango o Los tres berretines, que contaban con la participación de cantantes y actores. El público podía reconocer esas voces que escuchaba cotidianamente en la radio y ligarlas, al fin, a una figura en movimiento. El espectáculo se completaba con el acompañamiento musical de las orquestas típicas, la pantalla los acercaba a un mundo que conocían por las revistas especializadas.

Poster de Los tres berretines

Poster de Los tres berretines

Durante los dos primeros gobiernos peronistas, el consumo del cine nacional creció al calor de las políticas estatales de protección de la industria cinematográfica, y también aumentaron los espectadores de este tipo de producciones. Películas como Las aguas bajan turbias (1952) El último payador (1950) o Pelota de trapo (1948), convocaron multitudes a lo ancho y a lo largo del país. Muchas de las actrices y actores que alcanzaron la fama durante esta época, se acercaron también al gobierno, conformando un sistema de estrellas donde, el éxito profesional y la política cultural del estado iban de la mano.

Poster Pelota de trapo

Poster Pelota de trapo

Poster Las aguas bajan turbias

Poster Las aguas bajan turbias.

Lentamente los cines barriales y provinciales fueron languideciendo, la caída en el número de los espectadores y la aparición de otras formas de entretenimiento generaron una crisis en estas salas de espectáculo que tanto incidieron en darle identidad a las localidades. Ya no hay casi cines en los barrios, destino parecido corrieron las quermeses y romerías que esas salas supieron también albergar.

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Idea y realización
Mirta Zaida Lobato| Universidad de Buenos Aires
Textos
Ana Lía Rey| Universidad de Buenos Aires
Fotografías
Guadalupe Rodríguez Rey
Con el apoyo de
Ministerio de Cultura de la Nación, Dirección Nacional de Innovación Cultural, CONCURSO NACIONAL DE INNOVACION CULTURAL, 2016.

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